Cientos de pisadas quedaron en el barro y los perros y sus dueños, con el cuerpo destrozado, yacían inmóviles y muertos. Las manos de Shuton estaban en la base de tronco en donde se le cercenaron. Aún chorreaba un hilillo de sangre por uno de los costados. Camino abajo, pasando el lago, se encontró el cuerpo de Xhut el Magnánimo, desollado. La tarde y el bosque comenzaban a devorar el trastorno de la revuelta: Las hormigas carnívoras salían al festín y los gritos de terror de los ciudadanos, al ver ceder a su líder, iban nutriendo a los árboles, rejuveneciéndolos.
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